jueves, diciembre 01, 2005

“ Garden Check” (II)


Muchas gracias, Leonard, - le dijo Frank,
Frank conocía a Leonard desde hacía mucho tiempo, llevaba viniendo a comer y a cenar, con asiduidad. Leonard heredó la empresa de su padre, hace ya casi veinte años. Recordaba a Leonard con quince años, ayudando a su padre en el restaurante. Y sin embargo ahora era el dueño y hacía funciones de metre.
Leonard les ofreció una mesita en una esquina donde nadie les podía molestar. Frank se lo agradeció, y con franqueza le dio su aprobación.
Parecía que Frank lo tenía todo premeditado.
El Sr. Smith era muy detallista. Le gustaba sorprender.
La mesa estaba decorada como si de una boda se tratara.
En el centro había un jarrón con unas petunias preciosas, perfectamente estudiadas y bien colocadas, como para que los comensales se pudieran ver sin necesidad de moverlas. El mantel era de un color azul intenso que hacía juego con las flores y el resto de la decoración. Y para amenizar el ambiente, sonaba el hilo musical, en un perfecto volumen, para mantener una velada de lo más apetecible. La cocina no se veía desde ninguno de los sitios del comedor, con lo que era de agradecer, y la luz era muy tenue, quizá un poco demasiado para la hora que era, por sacar algún defecto.
Se sentaron uno enfrente del otro, no antes sin que Frank ayudara a sentarse a Sylvia, con educación y cortesía, como él acostumbraba, entresacando la silla de debajo de la mesa.
Y bien, empezó ella, ¿a qué se dedica usted?- interrogó Sylvia.
Bueno en verdad, no me dedico a gran cosa,- continuó Frank….. Poseo una empresa de electrodomésticos, que debo de admitir que me va muy bien,- acabó Frank, no sin antes recordándole, que por favor le tuteara.
Quiero decirte Sylvia, que me gustaría que me tratases de tu, y que me gustaría que te dirigieras a mí por mi nombre de pila, Frank, que es así como me llaman todos mis amigos y todas las personas a las que aprecio, - terminó diciendo, en un tono muy sutil y de la mejor forma que el sabía hacerlo.
De acuerdo, - contestó Sylvia
¿Que te apetece almorzar Sylvia?, preguntó Frank.
Estaba muy acostumbrado a comer fuera y conocía a la perfección la comida de Leonard, así que empezó sugiriendo un “ pasty “ y luego un “roast beef”, bañado todo con un vino blanco de crianza.
Sylvia dio su aprobación, - le encantaba no pensar en que pedir, le resultaba de lo más perezoso. Siempre que había salido a comer o a cenar, de lo cual hacía mucho tiempo, le gustaba que le recomendaran lo que iba a comer.
Frank, rompió el hielo y empezó diciendo…. ¡Oh! Casi se me olvida, e traído el móvil que te prometí y sacando de una especie de bolsita que llevaba consigo, le ofreció el aparato electrónico, que Clara su secretaria había comprado horas antes.
Sylvia no pudo contener la risa y echó una carcajada, que la mesa de al lado se volvió para ver quien se estaba riendo con tanta intensidad.
Frank, no deberías de haberme comprado nada, te lo agradezco de todas formas, pero me gustaría, que me hubieras regalado una pulsera de oro.
En esta ocasión fue Frank y con un tono más suave, que el de su pareja, quien rompió a reír.
Comieron y bebieron sin parar de hablar. Hablaron de sus vidas, de cómo el padre de Frank había llegado desde Bélgica a Inglaterra, y había montado la empresa de electrodomésticos que luego heredaría su hijo. Frank había nacido en Londres, toda su niñez la pasó en Londres junto con sus padres. Desde los veinte años, llevaba trabajando con él, Jhonatan Smith. No fue hasta los veintidós cuando se hizo socio mayoritario de electrodomésticos “Gurner “ y naturalmente con el control de la empresa.
Frank era muy conocido en Londres, ya su padre lo era desde antaño, y tenia muchos conocidos. Pero realmente tenía muy pocos amigos de verdad. Uno de ellos era Richard Duck, se conocían desde la infancia.
A Frank no le gustaban las macro fiestas que organizaba su mujer y sus amigas. Es más las odiaba. Prefería ir a Cliford o algún otro sitio más tranquilo para olvidarse de la gente y del trabajo.
Sylvia era la mujer mas divertida y atractiva que nunca había conocido. Era sincera, espontanea, tenía un sentido del humor que en pocas mujeres lo había observado.
Cuando llegaron al postre, él sugirió un pancakes con chocolate. Sylvia dio su aprobación.
Sylvia miró su reloj, eran las 14:05, se había pasado de la hora, pero no le importaba estaba tan a gusto con aquel hombre que todas las reprimendas que podría recibir, eran pocas en comparación con la velada que estaba pasando. Fue ella la que primero se levantó de la mesa, haciendo Frank lo propio y como la primera vez, ayudándole a salir de la mesa, en esta ocasión con la operación inversa.
Lo he pasado muy bien, Frank.- se expresó Sylvia, con ternura. Gracias Sylvia, - yo también lo he pasado muy bien, respondió Frank.
Se despidieron de Leonard a la vez y salieron por la puerta.
Había empezado a llover más y con demasiada intensidad. ¡Valla día¡Exclamó Sylvia, estoy harta del clima de esta ciudad, - sí, tienes razón, a lo que contestó Frank, rápidamente.
¿Quieres que cogamos un taxi?,- preguntó Sylvia. La pregunta le sorprendió a Frank, no había cogido un taxi, en hacía por lo menos tres meses, desde que su secretaria, clara, le solicitó, para ir al otro extremo de la ciudad, claro esta que, hasta allí no llegaba el metro.
¡Por supuesto¡ con este día cogeremos un taxi y te llevaré a tu trabajo, - comentó Frank. >>No sabia donde estaba la parada más próxima o si por el contrario debiese de parar uno en la calle. <<. Mira allí hay uno, Frank, páralo. La acción de Sylvia le salvo de avergonzarse así mismo. Entraron en el taxi y Sylvia le dio su dirección de trabajo: por favor a Green Park esquina con Piccadilly Circus, - gritó Sylvia, ya que con el ruido del tráfico no sabia si le había oído el chofer. Cuando llegaron a Green Park, el taxista se hizo a un lado para poder estacionar mejor, Sylvia introdujo su mano en el bolso, e hizo mención de pagar, Frank le sujeto, diciéndole: Deja esto de ni cuenta, ya tendrás oportunidad de pagar algún día. Sylvia le dio las gracias y Frank con su mano derecha, le acarició la mejilla y acercándose hasta ella la besó en la boca.

A Sylvia, esa actuación le pilló muy de improviso, abrió la puerta del taxi con tanta fuerza y tanto nerviosismo, que asestó un duro golpe al coche que estaba aparcado. ¡Oh no! , disculpe, me he puesto nerviosa y…,- dijo Sylvia, mirando al taxista.
Adiós, Frank, - te llamaré un día de estos, dijo Sylvia, y sin más, cruzó la calle para luego retomar Piccadilly Circus.
Frank no se lo podía creer, había besado a otra mujer, le había gustado. Se quedó pensativo en la parte trasera del taxi, hasta que oyó al taxista, Sr. ¿Dónde quiere que vallamos?,! Oh ¡disculpe lléveme a Down Street, 256,- señaló, Frank, realmente confundido, por la actuación que había tenido.


Continuará......

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